La Tertulia a la carta / Revista de Blogs

Viernes de vigilia, viernes de pescado.

Se acabó el Carnaval. Enterrada la Sardina, recogidos los disfraces, de vuelta a nuestras pieles de la vida cotidiana estamos ahora en un nuevo período, la Cuaresma. Cuarenta días hasta las próximas vacaciones para la mayoría, y para algunos, un tiempo de recogimiento y reflexión donde el ayuno de la vigilia es un símbolo de renuncia a lo material.

La tradición católica señala como penitencia para estos días la vigilia, es decir abstenerse de la carne durante los viernes de Cuaresma, que se transformaron así en la mayoría de las familias practicantes en los “viernes de pescado“; una oportunidad para darle creatividad al guiso y protagonismo al pescado, especialmente en estas casas de secano e interior. Así, en otros tiempos sin súper ni híper, donde la base de la dieta la dictaban huerto, la caza y el corral, la vigilia más que un sacrificio se convertía en una pequeña fiesta, una excepción en la mesa y una excusa para variar el menú, convirtiendo el bacalao en el invitado estelar (Aunque dependiendo del presupuesto, el menú podía variar, y para muestra, un botón tomado del libro Ayunos y abstinencias)

En estos tiempos que corren, donde suele perderse el fondo y las formas cambian, los Viernes de Vigilia son, tema eclesiástico aparte, una iniciativa de Turismo de Zafra que consiste en una especie de ruta de la tapa sin carne en la que bares y restaurantes ofrecen un plato de vigilia. En La Tertulia nuestra pasión por el bacalao toma estos viernes forma dealbóndigas guisadas con tomate. Aunque además de esta tapa, quien se sienta católico puede combinar un menú de vigilia completo, que podría empezar con unas alcachofas en salsa de almendras, una ensalada de pimientos y atún o un pisto con huevos fritos, y seguir con unoschipirones en salsa de cebolla o un bacalao en sus múltiples versiones: guisado con tomate y pimientos, ahumado con pimentón y cebollita sobre pan de chapata, o dorado (bacalhau à brás que dicen los portugueses, y no a la brasa).

Sin embargo, para quien haya pagado su bula o simplemente, no le importe pecar, los viernes, como cualquier otro día, se puede disfrutar como si Don Carnal siguiese siendo el rey del mundo, con por ejemplo, un solomillo o unas carrilleras ibéricas, una sartén de adobo o de morcilla, o un cocido con todos sus avíos.

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