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¿Información o desinformación? Cuidado con las fuentes.

A veces alguien tuitea o cuelga en Facebook una información que te hiela la sangre, te pone los pelos de punta o quizás, con algo de suerte, te hace saltar de alegría. Inmediatamente la compartes, la comentas, subrayas tu indignación, solidaridad, rechazo… Y el bulo crece con tu ayuda. No es algo exclusivo de Internet, pues la de la rumorología es una ciencia bien arraigada en nuestra cultura, y desde la barra del bar a las más serias tribunas mediáticas todos hablamos por hablar, a veces sin querer y otras sin pensar. Las nuevas tecnologías simplemente han contribuido a extender la potencia del rumor en la misma medida que extienden las posibilidades de acceso (y generación) de información.

Sin embargo, unas cuantas directrices y un poco de sentido común pueden ayudarnos a no perdernos en ese océano de bits que se nos abre desde el ordenador de casa, la tableta o el móvil, y a encontrar algo de verdad en las mentiras (intencionadas o no) que nos llegan desde Internet. Aunque también, investigando un poco, desde los medios tradicionales.

Un buen ejemplo son las pautas que propone Arturo Puente en esta Miniguía contra los bulos y la desinformaciónpublicada en su blog  Síntesis ni análisis. Básicamente, consisten en ir a la fuente original y comprobar su veracidad y/o prestigio (aunque este no es siempre una garantía en sí, y para ejemplo, el mismo Puente nos propone este caso de El País), y en segundo lugar, analizar el modo en que está redactada la noticia para separar información de opinión:

MINI GUÍA CONTRA LOS BULOS Y LA DESINFORMACIÓN

La masificación de internet y las redes sociales ha tenido un impacto positivo en general en el terreno informativo. Hay mucha más información disponible, má fuentes y más puntos de vista. Además, cualquiera puede aportar y distribuir información, mejorando la calidad de ésta.

Sin embargo, como fenómeno paralelo, internet también facilita la propagación de bulos y manipulaciones, que muchas veces incluso llegan a alcanzar a los medios de comunicación profesionales. Sólo en las últimas semanas se pueden contar por decenas: las reformas de Hollandela donación de Iniesta a los damnificados de incendiosGroenlandia derritido, o Andrea Fabra haciendo una peineta son algunos de los más recientes. Ante estos casos, cada vez hay más gente que se siente perdida entre noticias contradictorias, por lo que he creído adecuado hacer una mini guía con algunas de las técnicas más efectivas para comprobar la información que nos llega. Aviso desde ahora mismo que el contenido y orden de esta guía está sacado directamente de mi experiencia personal: es lo que yo hago cuando tengo sospechas sobre la veracidad de una información. Vamos a ello.

– ¿Dónde apareció publicado?

Me voy a disculpar por empezar por aquí, pero después de mucho pensarlo, creo que es el factor individual que asegura más porcentaje de éxito a la hora de juzgar una información. En este país hay tres grandes tendencias mediáticas: los medios progresistas, los medios conservadores y los medios que tienden a no decir la verdad ni por casualidad. Independientemente de la ideología, es importante diferenciar entre prensa “seria” y prensa sensacionalista. Los segundos en principio tienen menos intereses políticos, pero transforman esa virtud en vicio con su adicción al impacto. Y siempre es más impactante la mentira que la verdad.

Hay una diferencia importante entre medios como El Digital Confidente y El País: el segundo tiene un control de calidad por el que los redactores jefes piden más y mejores fuentes y confirmaciones que el primero. Es un punto de partida básico a tener en cuenta para enfrentarse a la desinformación.

– ¿Qué tipo de fuentes aporta?

Datos: si están bien referenciados (y si alguien se ha molestado un rato en investigar sobre un dato, lo referencia) puedes corroborarlo tú mismo en internet. Suele valer con buscar más noticias sobre lo mismo y ver si coinciden las cifras. Hay veces que no es tan fácil porque los datos no son públicos o nos quedan demasiado lejos. En tal caso un ejercicio interesante es buscar datos aledaños o relativos y ver que no desencajan demasiado. Si no podemos verificar el dato de la cosecha de uva de un año en una fuente fiable, podemos buscar la de otros años para hacernos una idea de por donde andan las cifra. Esto no garantiza el éxito siempre, claro, pero puede ser muy útil para alertarnos de que un dato es sospechoso.

Declaraciones: poniéndome estricto, una declaración sólo tiene credibilidad cuando está bien atribuida con el autor identificable. Esto es, nombre y apellido más cargo o motivo por el que es relevante. Sin embargo, “fuentes del ministerio” siempre es algo más que “fuentes bien informadas” o “testigos presenciales”. Cuanto más se diluye la autoría, peor pinta.

Audiovisuales: Las fotografías, vídeos y audios aportan una prueba contundente en cuanto a la credibilidad. Pero tienen dos problemas: son manipulables y son un terreno fértil para las suposiciones. Dejando aparte las manipulaciones técnicas, hay que tener presente que que un documento audiovisual sólo retrata un momento en un lugar al que apuntaba la cámara, no hay entorno espaciotemporal. Una foto puede ser excelente para sacar conclusiones generales (había un incendio, había tres personas, era de día) pero normalmente no sirven para sacar información completa y detallada. Evita la suposición de que después de un paso viene otro; a veces la gente se para o cambia de dirección.

*Como bien indica Perrida 2011 en los comentarios, hay formas de verificar una fotografía colgada en internet. La más obvia sería pasarla por el buscador de google images, que permite pegar links o arrastrar fotos, y devuelve los resultados donde se encuentra dicha imagen. Aquí un pequeño tutorial de cómo se hace. Si hemos subido una foto de un hecho que supuestamente ocurrió ayer, pero la foto aparece colgada en un post del año 2005, la verificación es rápida. Existe una extensión para Chrome que facilita la opción “buscar por imagen”. Una herramienta similar es TinEye que es especialmente útil para rastrear fotos modificadas o retocadas digitalmente.

Esta forma de verificación puede ser útil a nivel usuario, pero en entornos profesionales verificar una foto es un proceso más complejo en el que, pese a todo, se mete mucho la pata. Uno de los casos más sonados fue la publicación por parte de El País de una foto falsa del expresidente venezolano Hugo Chávez entubado. Merece la pena leer este reportaje con la intrahistoria del suceso de El País como ejemplo de mal hacer.

– ¿Cómo está redactada?

La redacción de una noticia puede aportar gran dosis de credibilidad. Si una información tiene frases neutras y no valorativas, pocos adjetivos, estructura en pirámide invertida (de más importante a menos) y calidad y cantidad de atribuciones, ya ha pasado la mitad del examen. Si tiene buenos links o referencias a documentos concretos, tres cuartos del examen. Palabras como “ahora”, “ya” o “sólo” en el titular, suspenso automático revisable. Si se ven retazos de opinión, anda con cuidado.

– Versiones y agencias

Si una noticia es verdadera, será recogida por la mayoría de medios en cuanto salga a la luz. Si no hay diferentes versiones de la misma pasado un tiempo, empieza a haber razones para la sospecha. Que la recoja una agencia suele ser un buen síntoma, aunque en absoluto definitivo. No te fies de que esté en la página de un medio, si una agencia difunde un bulo será automáticamente rebotado en las webs y twitters de los medios, pero no tiene por qué haber sido “pelado”, puede que nadie del medio le haya echado un vistazo en profundidad. Sólo si tiene la firma de un periodista o del medio es signo inequívoco de que han pasado por ahí y certifican.

– La firma y la distribución

La firma de cualquier información da un valor de calidad extra. Pero cuidado, un nombre no tiene más credibilidad que la que los demás le otorgan. Si seguimos a un determinado periodista podemos saber si suele firmar bulos o si es dado a tragarse datos erróneos. Si no conocemos al autor, una búsqueda en google puede darnos suficientes datos relevantes para saber si es confiable o no. Ocurre lo mismo al difundir o recomendar una información en internet, es crucial a través de quién nos llega y su historial.

Es importante señalar que no sólo un nombre y apellido tradicional es sinónimo de credibilidad. También las identidades constantes, un logo o un nick, pueden ser garantía de calidad y credibilidad forjada con los años.

– ¿Se dijo o pasó?

Podemos agrupar las noticias en dos grandes categorías: discursivas y no discursivas. Las discursivas son qué dijo quién, las no discursivas son qué ha pasado. Los reportajes suelen ser híbridos de ambos, pero esa es otra categoría.

Discursivas- El género discursivo consiste en trasladar las palabras de alguien. Pertenecen a este género, las entrevistas, las noticias tituladas con citas, directas (con comillas) o indirectas (dice que), las conclusiones de estudios, etc. Siempre, siempre deben ir atribuídas al autor de la frase, ya sea una persona, un documento o una institución. (Ej: El FROB asegura que, Gorka Maneiro: “Del espiritu de Ermua…”). Una frase entrecomillada unicamente se puede atribuir a un grupo cuando hay un consenso por parte de sus miembros en dar un mensaje conjunto. “El gobierno afirma”, correcto . “Los gibraltareños afirman”, incorrecto, a no ser que se les haya preguntado a todos o se trate de una estadística.

No discursivas- Relatan un hecho sucedido. Aquí puede haber atribución a un tercero (testigo, implicado, conocedor…) o recoger un hecho que el propio periodista ha visto o puede garantizar que sucedió como cuenta.

Discursivas camufladas- Esto es un viejo truco de la manipulación. Alguien dice algo y el periodista lo da por verdadero, lo hace suyo y lo lleva al titular. “Un juez obliga a abrir una planta de un hospital“, tituló El Plural, sin comillas ni atribuciones. Leyendo el texto se comprueba que es el diputado Fernando Mora el que afirma esto. El titular correcto hubiera sido “Fernando Mora afirma que un juez obligó a abrir una planta del hospital”. Sin embargo el medio quiso camuflar la noticia discursiva como no discursiva. Al final se demostró que Fernando Mora se equivocaba y que El Plural había creado un bulo.

–  Estadísticas y comparaciones

Campo abonado. Pueden ser engañosas por llevarnos a conclusiones incorrectas o por estar interpretados de forma poco rigurosa. Además de comprobar el origen de los datos que se manejan, es conveniente darle la vuelta a esa estadística un par de veces. Que el 18% de los niños tenga sobrepeso quiere decir que el 82% de ellos no lo tiene, etc.

Las comparaciones entre cifras también son muy dadas a la desinformación. Cuando se comparan dos cifras, por ejemplo de una año a otro, es muy común achacar la variación a un sólo factor correlativo, cuando en general la realidad suele ser multicausal, es decir, la variación puede ser provocada por muy diversos factores. Hay que tener esto siempre en cuenta.

Si se siguen paso a paso estas sencillas comprobaciones es posible detectar los bulos y manipulaciones informativas. Como corolario, no bajar nunca la guardia ni dar por hecho la información que confirme nuestro propio sesgo.

    Otras recomendaciones interesantes están relacionadas con los propios buscadores. En primer lugar, es importante conocer las opciones de búsqueda de que disponen para dar con los mejores resultados. Google nos lo explica así, y en este blog, Andy Kinsey nos da algunos trucos más con unas infografías muy gráficas (eso sí, en inglés). De cualquier forma, es fundamental también no quedarse en los resultados de la primera página, pues un buen posicionamiento no tiene porqué responder a una información de calidad. 

Y ya sabes, antes de compartir, rebloguear, o retuitear una información, asegúrate de que estás bien informado.

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