¡Qué pequeño es el mundo!

Barrer para casa: Zafra en ¡Qué pequeño es el mundo!

Publicado originalmente en http://www.seguimossiendolasmismas.es/a-nuestras-bloggers/barrer-para-casa/

Pasear por la propia ciudad, ver con otros ojos los rincones cotidianos, descubrir notas nuevas en los aromas de cada día. Ser, en definitiva, una turista accidental, una viajera de otro barrio. En cada lugar donde he vivido me he esforzado en descubrir qué hay de especial, qué atrae y sorprende a viajeros y turistas. Sin embargo, tantos años viviendo aquí, tantas mañanas queriendo escapar por la ventana del instituto, me habían hecho perder el encanto, dejar de entender qué es lo que hace especial este pueblo, las señas de identidad que hacen que valga la pena una visita o cuanto menos, un alto en el camino.

Zafra, comercial hasta la médula, es una ciudad pequeña perdida en un mar de pueblos grandes que viven del campo, de la uva, la aceituna, el ibérico. La Plaza Chica es probablemente la parte más antigua, en torno a la cual fue creciendo la ciudad actual. El mercado semanal que se celebraba allí desde 1380 era el centro neurálgico de la vida urbana, y a su alrededor se establecieron fondas y posadas, antecedentes de los bares y restaurantes que hoy la pueblan.

Aunque la Oficina de Turismo propone otro itinerario, mi ruta comienza entrando a la ciudad por el Arco Jerez, antigua puerta de la muralla, donde San Crispín, San Crispiniano, y si es tiempo las cigüeñas, saludan al viandante. La Callejita del Clavel y la calle de Jerez, con sus ventanas llenas de geranios, llevan a la Plaza Chica, que merece la pena visitar temprano, antes de que las terrazas la colonicen, para contemplar un momento los soportales de ladrillo mudéjar en el silencio de las primeras horas. En el Arquillo del Pan,  la Vara grabada en una de las columnas, da la medida del pasado y el presente comercial de Zafra, y marca el camino hacia la Plaza Grande.La Plaza Chica un día de lluvia.

Mi ruta sigue por esta, un paseo por sus arcos y sus palmeras y salir por la calle Tetuán en dirección al Arco del Cubo. Las casas señoriales flanquean los dos lados de la calle, donde se asienta la Parroquia de la Candelaria. En su interior, pinturas de Zurbarán y retablos de Blas Escobar.

Paseo por las almenas del Alcázar

De aquí a la Calle Sevilla, calle comercial como cualquier otra. Pasear con un helado de El Valenciano (Heladería artesana situada en un pequeño quiosco al principio de la calle) mirando escaparates. Los antiguos almacenes que convirtieron a Zafra en centro comercial de la zona son hoy, en su mayoría, tiendas de cadenas y franquicias, pero siguen conservando la planta (precioso, por ejemplo, el local donde está Bershka). Sin embargo, todavía se pueden encontrar algunos productos y tiendas locales donde comprar regalos “auténticos” como unos dulces de las monjas del Convento de Santa Clara, o algo de cuero en la tienda de Cayetano Berciano,  en el centro de la calle.

Por aquí se vuelve nuevamente a las Plazas, y después del paseo, toca relajarse en una terracita. Para comer, y barriendo para casa, os recomiendo el restaurante de mi familia,La Tertulia, en la Plaza Chica (No tenemos menú infantil, pero sí las mejores croquetas del mundo, con permiso de las de mamá).

Luego, si el tiempo y la compañía lo permiten, quedarse de copas; una excursión por los alrededores, ruta por la dehesa y puesta de sol en el Castillo de Feria, por ejemplo; o un circuito termal en el Balneario del Raposo

Y hasta aquí hemos llegado. Mirándolo con estos ojos, suena bastante apetecible, no?

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